Cuando era principiante, aprendí por experiencia propia lo importante que es mantener la calma al conducir en circuito.
Nada de ponerse nervioso. Relájate, relájate…
Relájate sin más, como si estuvieras sentado en el sofá, tan tranquilo, sin preocuparte por nada.
Relááájate…♪
¿Eh?
Un momento.
¿Eso significa que cuanto más me relaje, más suelto esté y más tranquilo me lo tome, más rápido iré???
Pues como era idiota, eso fue lo que pensé.
No, en serio. Lo pensé de verdad.
Igual debería ir al médico. (Demasiado tarde).
Así que lo probé de verdad.
Intenté reproducir esa sensación de estar sentado en el sofá, completamente relajado, y me lancé a dar una vuelta rápida.
¡Venga, allá vamos!
Y entonces… ¡anda, mira tú por dónde!
¡No podía pisar el freno con todas mis fuerzas! (Idiota).
Por más que lo intentaba, no conseguía hacer suficiente fuerza con la pierna al pisar el pedal del freno.
Relajarme significaba aflojar por completo todos los músculos.
Pero, al frenar, hay que pisar el pedal con fuerza justo en el momento adecuado.
Me di cuenta de que, para hacerlo, necesitas mantener cierto grado de concentración, tanto mental como física.
¡Anda, qué descubrimiento! ¡Debería publicar un artículo científico sobre esto! Soy un genio.
Pero, curiosamente, estar completamente relajado funciona bastante bien al tomar las curvas.
Eso sí, cuando estás justo al límite de que los neumáticos empiecen a deslizar, necesitas cierta capacidad de anticipación y de reacción.
Así que supongo que tampoco es lo ideal tener el cerebro completamente desconectado.
En fin, aprendí que frenar y tomar curvas parecen requerir estados mentales distintos.
Mmm… qué interesante.
¡Un momento! ¡¡¡¡Déjate de tonterías y concéntrate de una vez en conducir!!!!
¿«Mmm… qué interesante»?! ¿¡En serio!? (¡Zas!).
La lección aprendida
No te pongas nervioso. Mantén la concentración.